Francisca Saraiba muere a los 99 años sin verdad, justicia ni reparación para su padre, asesinado en Jimena en 1937

Francisca Saraiba Acedo, vecina de San Pablo, pedanía de Jimena de la Frontera (Cádiz), murió ayer a los 99 años en el hospital de La Línea, donde estaba ingresada desde hacía unos días. Francisca Saraiba deja cinco hijos, tres mujeres y dos hombres, a los que ha legado el encargo de que sigan buscando los restos de su padre, José Saraiba Saraiba, asesinado en 1937 por el pelotón de fusilamiento franquista que entonces sembraba el terror en el municipio. La madre de Francisca, Josefa Acedo Huércano, estaba embarazada y tenía otras cuatro hijas y un hijo cuando su esposo fue asesinado. El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar lamenta profundamente la muerte de Francisca y expresa en este trance todo su cariño y su apoyo a sus hijas María Gabriela y Ángeles, sus hijos Juan José, Francisco y Antonio y demás familiares.

Francisca Saraiba participó en los últimos años en cuantos actos ha organizado el foro en Jimena. Ella entregó en 2020 una muestra de su saliva para que su ADN fuera comparado con el de los restos óseos de diecinueve personas que fueron rescatados en las exhumaciones realizadas en el cementerio municipal en los veranos de 2020 y 2021. Treinta familias de Jimena entregaron en aquellas fechas su ADN, treinta familias que llevan años esperando a que la Junta de Andalucía permitiera acabar los análisis y que hasta hoy no han tenido la satisfacción de saber si alguno de los restos hallados pertenece a sus padres, madres, abuelas o abuelos. Francisca estuvo también el 30 de octubre de 2022 en el cementerio de San Pablo, donde dos centenares de personas, entre familiares de víctimas del franquismo, vecinas y vecinos de Jimena, autoridades, arqueólogos y personas simpatizantes de la causa de la memoria participaron en el homenaje y sepelio de los restos de las diecinueve personas, todas sin identificar, en un panteón construido al efecto.

Francisca Saraiba, que entonces tenía 96 años, llegó aquel día al cementerio en silla de ruedas, pero se puso de pie para hacerse una foto con el resto de familiares. Ella, entonces, contó que pensaba en su padre todos los días. Recordó que era zapatero y guardia municipal en San Pablo y que fue al regresar desde Málaga, a donde había huido con su familia y muchas otras en septiembre del 36, cuando fue detenido y fusilado. “En realidad la que era más política era su madre, mi abuela, que era a la que vinieron a buscar para matarla. Pero como estaba embarazada, lo mataron a él”, contó entonces Antonio, hijo de Francisca.

Ella estuvo también, en junio de 2021, en la Casa de la Cultura de Jimena, en el homenaje a todas las personas asesinadas por las fuerzas fascistas en el pueblo cuyos restos estaban siendo buscadas entonces en la exhumación del cementerio municipal. Francisca había sido entrevistada meses antes por el equipo de investigación histórica que hizo el informe previo a las exhumaciones y su testimonio está completo en el libro Jimena de la Frontera, 1936-1945. Testimonios. Hablan las personas que buscan a sus familiares asesinados, del que son autores Juan Miguel León Moriche y Jesús Román Román.

Francisca Saraiba, Francisca Téllez y Juan Luis Vega, en el homenaje que recibieron en la Casa de la Memoria, de Jimena, en 2019.

Francisca Saraiba Acedo estuvo también, dos años antes, en noviembre de 2019, en el homenaje a todas las víctimas del fascismo en Jimena que el foro organizó aquel año con motivo del tercer aniversario de la inauguración de la Casa de la Memoria La Sauceda. Aquel acto reunió a hijos, hijas, nietos, nietas y bisnietos de los hombres y mujeres que las tropas fascistas asesinaron en este pueblo entre 1936 y 1949. Francisca Saraiba y Francisca Téllez Medina, en representación de todas las víctimas, recibieron del foro un ramo de flores y una ilustración de Andrés Vázquez de Sola que representa a Federico García Lorca, que sale del cañón de una pistola rompiendo el yugo y las flechas y alzando en sus manos una paloma de la paz con un corazón rojo en el centro.

Francisca Téllez, hoy fallecida, tenía cinco años en 1936. Era hija de Sebastián Téllez Gavira y María Medina Bautista. Ella recordaba con precisión cómo iba a hombros de su padre cuando medio San Pablo huyó camino de Málaga poco antes de que llegaran las tropas sublevadas al pueblo. Su familia y el grupo con el que viajaba llegaron hasta San Pedro de Alcántara y de allí de vuelta a San Pablo, donde, al volver, su abuela materna descubrió que le habían quitado la panadería y sus padres que les habían robado la casa. Esa misma noche de febrero del 37 su padre fue fusilado junto a otros hombres. Su mujer, que estaba embarazada, se quedó viuda, igual que otras tres vecinas de San Pablo que estaban en cinta, igual que la madre de Francisca Saraiba. Pasado el tiempo, unos funcionarios municipales visitaron a su madre y al resto de las viudas. Querían que firmaran unos papeles en los que se decía que sus maridos habían muerto de muerte natural. Ni su madre ni ninguna de las viudas firmó. Se quedaron sin pensión en tiempos de tanta hambre y miseria, pero no traicionaron a sus maridos ni a sus principios.

El Foro por la Memoria del Campo de Gibraltar recuerda que hasta hace poco y durante muchos años el franquismo estaba agazapado en muchos ámbitos de la sociedad y el Estado, pero hoy tiene a 33 diputados en el Congreso. En esta realidad y frente a quienes siguen defendiendo a los asesinos y su obra, el foro va a seguir luchando por la verdad la justicia y la reparación para todas las víctimas del fascismo. Con y para todas las que, como Francisca Saraiba Acedo, no dejan de buscar a sus padres o madres asesinadas, hechas desaparecer y enterradas como animales en fosas comunes. La verdad, la justicia y la reparación es una obligación para con los familiares asesinados, encarcelados, torturados, exiliados o condenados al hambre, la miseria y el silencio. Es, más que nunca, una lucha del presente que hay que dar con paciencia, firmeza y determinación. Y es también una lucha de futuro. Las personas más jóvenes deben conocer la historia de nuestros pueblos y comprender que el fascismo sólo trae muerte, destrucción y pobreza. Y que no hay nada más grande que la libertad y nada más sagrado que la voluntad de los pueblos, la democracia. Sólo luchando constantemente por ellas las aseguramos. Como decía un héroe de la defensa de Madrid: al fascismo no se le discute, se le combate. Vamos a seguir haciéndolo.

 

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