Con Simón Herrera

Simón Herrera Gavilán tenía tres años en 1936. Al poco de empezar la guerra se quedó huérfano de padre.
Domingo Herrera Rojas vivía en Las Hermanillas, paraje de Jimena de la Frontera. Unos falangistas le robaron las pocas cabras que tenía y se las llevaron al Marrufo, cortijo jerezano próximo a La Sauceda donde las tropas franquistas instalaron un centro de detención y fusilamiento. No le devolvieron las cabras, le quitaron la vida.
Simón tenía siete hermanos y su madre, Antonia Gavilán Pérez, murió en 1940. Otra familia de Jimena, los Sánchez, se hizo cargo de los pequeños huérfanos. Simón perdería luego a su hermano mayor cuando fue a la mili y al segundo por una enfermedad del vientre. Este vecino de Jimena guarda un eterno agradecimiento a la familia que les acogió. Y un deseo vivo de saber dónde fue enterrado su padre.
“Todos los días pienso en él”, afirma. Simón asegura que si el movimiento de recuperación de la memoria histórica hubiera empezado veinte años antes, él habría averiguado el paradero de su padre. Él conocía gente, hoy fallecida, que le habría dado la información necesaria: Dónde está el chaparro donde fusilaron a su padre.

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